El ganador guarda silencio. El perdedor despotrica.

Los inversionistas tienen sus dudas sobre si al ganar muchos millones las empresas les responderán. ¡Pero se aventuran! Suelen pensar: “quien no arriesga un huevo no tiene un pollo”.

Los malintencionados hacen circular en sus redes mensajes anónimos que les endilgan a extrabajadores de las apuestas.

Estos hechos contrastan en la actualidad con ese pasado en el que quien ganaba gritaba a los cuatro vientos, y por los medios impresos, cuáles habían sido sus corazonadas o estudios.

Eran premios que movían a la envidia pasajera de quienes también confiaban en la buena suerte, en las intervenciones de San Judas Tadeo o de San Cono, santos allegados a las apuestas según ha trascendido en el tiempo.

La pregunta ¿Si pagan los premios las empresas del azar? tiene una razón: el no dar cuenta de quién o quiénes resultaron favorecidos.

Hubo en este país un día en que quien se llevaba “el gordo” relataba cómo había sido el sueño, cómo buscó el número, dónde lo encontró o que estaba haciéndose lustrar los zapatos y le llegó el vendedor de esperanzas con la fracción que él buscaba afanosamente. ¡Y se la ganó ¡

Se estableció que no habría publicidad sobre los premios. Primero está salvarle la vida a los afortunados. Y la consecuencia lógica fue: ¿si pagan los premios los empresarios? Asaltó la duda. Se perdió la fe. ¡Claro que los pagan! Los organismos del Estado velan por la legalidad de las apuestas ¡Suerte!.