Por Guillermo El Mago Dávila. Dejaron para la historia triunfos inobjetables. Rotundos. ¡Asombrosos! No se borró nada, –ni con el codo ni con los pedales, o con el pie–, de lo que se había hecho en otras vueltas a Francia. Y en el resto del mundo. Ganaron quienes apostaron a su favor.

No está escrito en los manuales del éxito y menos en el de ciclismo,   lo que les sucedió a Nairo y a Urán. Ni a Gaviria. Tobillo inflamado, cadera maltrecha, dolor intenso que les bajó no solo las defensas sino que estuvo a punto de acabarles la moral (aclaramos: la deportiva).  Porque estos gladiadores son hombres con moral y honor a toda prueba.  Ejemplo para  jóvenes y viejos.

Los contratiempos, el Pur (la suerte), no estaban en su mejor instante. Ese eclipse momentáneo de las fuerzas desconocidas no fue obstáculo para que todo el  país,  lleno de esperanza, estuviese pendiente del acto de fortaleza,  de orgullo y  valentía  de Nairo Quintana, Rigoberto Urán, Fernando Gaviria, Egan Bernal, Darwin Atapuma y Daniel Martínez.

Y en sus hogares, los familiares de estos luchadores, se hallaban  conmovidos  como lo estaban  la señora madre de Nairo y su esposo que, sentado en especial taburete, pontificaba boyacensemente lo que podrá  sucederle a su hijo en años venideros. Bien por las familias unidas; por Boyacá , por Cómbita; Cundinamarca, Antioquia, Nariño  y por Colombia que cree y tiene fe en  sus deportistas.

Y a esta batalla del ciclismo debemos agregarle   las  de los jóvenes ganadores en los Juegos del Caribe. Ellos, a plena luz del Sol barranquillero, del Sol que baila la cumbia con la música de Mario Gareña y de otros tantos compositores de magistrales ritmos para  sus carnavales y  del Sol que hace más brillante cada medalla de Oro, y que al bronce lo hace  Oro, a ellos, repetimos, debemos aplaudir hasta el cansancio por lo logrado con su esfuerzo bajo la Dirección de un Comité Olímpico que engrandece el deporte cada día.

Esas medallas de oro, plata y bronce que solo las da el  tesón de innumerables hijos de Colombia. De aquellos de  quienes no es fácil escribir  las proezas que  necesitan hacer para sobresalir en las disciplinas elegidas  para matar el hambre y la pobreza  y darle vida  a la Esperanza de tener una  Patria mejor. Un abrazo.