“¡Ya sabés que en martes 13, no te cases ni te embarques, yo sé bien porque lo digo y no quiero que te ensartes !” dice la popular canción que advierte sobre este número; el 13 está eliminado en los pisos de muchos rascacielos; no figura en las habitaciones de hoteles de 5 hasta cientos de estrellas; en algunas aerolíneas internacionales no figura la silla 13 y en sinnúmero de situaciones no es aceptado por los agüeristas del mundo y sí aprovechado por los brujos y encantadores.

Podríamos citar muchos fenómenos en torno al 13 y sus consecuencias: Jesús y sus doce apóstoles; Jacob y sus doce tribus; bandas de criminales que no pueden pasar de 13 porque para ellos resulta un número de gran poder  y de encantamiento para las víctimas.

Pero también sucede, y ayer se comprobó, que en espíritus nobles, honrados, serviciales y amantes del prójimo el 13 adquiere una fuerza cósmica singular como ha acontecido con Yerry Mina, quien con su camiseta distinguida con el 13 ha puesto a temblar a los agoreros. Transformó el hechizo.